Hay dos cosas que nos interesan de los materiales naturales: que hablan y que siguen vivos.
La madera y el cuero cuentan una historia anterior al objeto.
En las vetas de la madera está el tiempo, el crecimiento, la densidad, el lugar.
En la piel, las marcas: la edad, las cicatrices, la forma en la que ha vivido el animal del que procede.
No son superficies neutras. Son materiales con memoria.

Trabajar con ellos implica escuchar.
Con el tiempo entiendes que no decides todo.
El material marca límites, propone soluciones, condiciona el resultado.
El objeto no se impone, sino que se aprende de lo que te cuenta el material.
En el taller, esa relación es constante.
Cada pieza es distinta, aunque la forma sea la misma. No buscamos corregirlo, es precisamente ahí donde aparece el carácter.
También hay una responsabilidad: la de prever cómo va a cambiar. Cómo se va a usar. Cómo va a envejecer.
Nuestra intervención en la vida del material es puntual, nosotros cambiamos su forma, pero él sigue su curso.
Con el uso, el cuero de curtición vegetal al natural oscurece, se suaviza, se adapta. No permanece intacto y ahí, es donde empieza a ser interesante.
Los objetos que creamos con él no están pensados para mantenerse como el primer día: están pensados para acompañar durante años y cambiar con quien los usa.
Para convertirse en un diario de vivencias a través de sus nuevas cicatrices.
El objeto no se termina cuando se hace,continúa.

2 comments
Precioso y tan de acuerdo con ustedes.
Trabajar con la materia es una ventana a los cambios de la vida.
Precioso y tan de acuerdo con ustedes.
Trabajar con la materia es una ventana a los cambios de la vida.
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